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¿Qué es la Fibromialgia?
La Fibromialgia como Síndrome de Dolor Crónico
La Fibromialgia se caracteriza por un cuadro de dolor crónico musculoesquelético generalizado, benigno, de origen no articular y causa desconocida (Goldenberg, 1994; Mera e Insúa, 1996; Fiter,1999). Según los criterios de clasificación del American College of Rheumatology, las dos características fundamentales para el diagnóstico de la fibromialgia son la presencia de dolor generalizado de más de tres meses de duración, lo que le convierte en un síndrome de dolor crónico, y una sensibilidad anormal a la presión digital en unas zonas típicas, que se muestran en la figura (Wolfe, Smythe, Yunus, Bennett, Bombardier, Goldenberg, Tugwell, Campbell, Abeles, Clark, Gam, Farber, Fiechtner, Franklin, Gatter, Hamay, Lessard, Lichtbroun, Masi, McCain, Reynolds, Romano, Russell, y Sheon, 1990).
Los pacientes acuden a consulta por dolor generalizado y mialgias de localización imprecisa (Roig, 1997; Ballina, Martín, Iglesias, Hernández y Cueto, 1995). Asimismo, es frecuente que presenten otras molestias, como sensación de tumefacción y rigidez matinal de las manos, parestesias y disestesias en las manos, dificultad para conciliar el sueño y/o sueño no reparador (Goldberg, Weisenberg, Drobkin, Blittner y Gotestan, 1997; Sheon, Moskowitz y Goldberg, 1996; Ballina, Martín, Iglesias, Hernández y Cueto, 1995; Bennett, 1993).
El perfil sociodemográfico y clínico que aparece en los estudios sobre estos pacientes, suele ser de mujeres (en el 95% de los casos) con una media de edad que oscila entre los 44 y 52 años, con un tiempo medio de padecimiento del problema de dolor que oscila entre 6 y 12 años, y con una historia de experiencias de fracasos para conseguir alivio de su principal síntoma.
En España, se calcula que el 13% de los pacientes que acuden a las consultas de medicina general padecen este síndrome, disminuyendo a un 10,4% en las consultas de los Servicios de Reumatología (Calabozo, Llamazares, Muñoz y Alonso-Ruiz, 1990). En un estudio de revisión, Lorenzen encontró que el índice de prevalencia del síndrome fibromiálgico se situaba entre el 0,7 y el 3,2 % de la población general (Lorenzen, 1994). En otro estudio de revisión de White, Harth y Teasell (1995) que recoge los resultados de diferentes trabajos sobre la prevalencia y el impacto social de la fibromialgia en distintos países, se muestra que entre un 15% y un 24% de los pacientes con fibromialgia, perciben algún tipo de compensación económica por su problema, y el 50% ha tenido que dejar de trabajar en algún momento.
Se han investigado diferentes causas del síndrome sin llegar a resultados concluyentes aunque, como afirma Goldberg y cols. (1997), es más probable que se trate de un proceso multifactorial. Parece que la fibromialgia se produce por la interacción de múltiples factores como pueden ser, entre otros, procesos virales y condiciones neurológicas que pueden afectar al torrente sanguíneo, al sueño, a los músculos y al funcionamiento cerebral, y trastornos de la transmisión y modulación del estímulo doloroso, de origen central, con descenso del umbral del dolor (Fiter, 1999; Pillemer, Bradley, Crofford, Moldofsky y Chrousos, 1997; Simms, 1996; Goldenberg, 1994; Ediger, 1993).
A pesar de la tasa de prevalencia del síndrome, y del coste psicológico y social asociado a su padecimiento, no existen resultados claros tanto en relación con su etiología, como a su tratamiento farmacológico (Fiter, 1999; McCain, 1996). Esta situación ha potenciado líneas de investigación en otras disciplinas que estudian los problemas relacionados con la salud, como la Psicología.
En el estudio psicológico del síndrome fibromiálgico, se desarrollan principalmente dos líneas de investigación. Una de ellas tiene como objetivo la búsqueda de explicaciones de tipo psicopatológico como desencadenantes del síndrome. La otra intenta establecer los determinantes del estado de salud y calidad de vida con el objetivo de diseñar intervenciones dirigidas a mejorar su adaptación.
Las revisiones de los trabajos en estas dos líneas nos permite afirmar:
- Los trabajos de la primera línea de investigación no han tenido en cuenta errores de planteamiento señalados en la literatura al respecto. Por tanto, no ofrecen resultados concluyentes respecto a la existencia de un perfil de problemas psicológicos en estos pacientes.
- Por un lado, los pacientes entrevistados son de los servicios de atención especializada -principalmente servicios de reumatología y unidades de dolor-, y por tanto no son generalizables a todos los pacientes con el síndrome fibromialgico.
- Por otro lado, los estudios de comparación se han hecho con pacientes de otras patologías establecidas o con población sana. Como ya se ha señalado en otros trabajos, tanto las características intrínsecas del síndrome, como el desconocimiento de su etiología, o su historia de consultas por distintos servicios médicos hasta ser diagnosticados, pueden aumentar la posibilidad de presentar mayores problemas psicológicos que otros pacientes.
- Finalmente, los instrumentos de evaluación utilizados en la mayoría de los estudios no están adaptados a problemas médicos crónicos, como el caso que nos ocupa, sino que se utilizan instrumentos de psicodiagnóstico que incluyen ítems somáticos, que pueden estar relacionados con los síntomas propios del síndrome y no con una psicopatología.
- En cuanto a la segunda línea de investigación sobre el estado de salud y la calidad de vida de las personas con fibromialgia:
- Se ha producido un incremento en el número de trabajos interesados por el papel de los factores psicosociales en la adaptación al síndrome fibromiálgico.
- Los resultados son concluyentes respecto del papel beneficioso de determinadas estrategias de afrontamiento (pensamientos positivos, relajación, ejercicio regular)
- Asimismo las creencias de control interno así como las creencias de autoeficacia parecen ser determinantes del buen estado de salud y calidad de vida de las personas con diferentes patologías que cursan con problemas de dolor crónico, entre ellos, el síndrome fibromiálgico.
REFERENCIAS
Ballina, G.F.J., Martín, L.P., Iglesias, G.A., Hernández, M.R. y Cueto, E.A. (1995). La Fibromialgia. Revisión clínica. Revista Clínica Española., 195, 326-334.
Bennett, R.M. (1993). Fibromyalgia Syndromme: myofascial pain and the chronic fatige syndrome. En W.N.Kelley, E.D. Harris, S. Ruddy, C.B. Sledge. (eds.). Textbook of Rheumatology. (4ª ed). (471-483) Filadelfia: Saunders W.B.
Calabozo, M., Llamazares, A.I., Muñoz, M.T. y Alonso-Ruiz, A. (1990). Síndrome de Fibromialgia (Fibrositis): Tan frecuente como desconocido. Medicina Clínica, 94(5), 173-175
Ediger, B. (1993) Coping with Fibromyalgia. LRH Publications, Toronto.
Fiter, J. (1999). Fibromialgia: diagnóstico y tratamiento. JANO, Medicina y Humanidades, 56 (1291), 48-55.
Goldenberg, D.L. (1994). Fibromyalgia. En J.H. Klippel, P.A. Dieppe (eds.) (516.1-516.12). St. Louis: Mosby.
Goldberg, J., Weisenberg, M., Drobkin, S., Blittner, M. y Gotestam, K.G. (1997). Effects of Manipulated Cognitive and Attributional Set on Pain Tolerance. Cognitive Therapy and Research., 21 (5), 525-534.
Lorenzen, I.,(1994). Fibromyalgia: a Clinical Challenge. (review). Journal of Internal Medicine, 235, 199-203.
McCain, G.A. (1996). A cost-effective approach to the diagnosis and treatment of Fibromyalgia. Rheumatism Disease Clinical North American; 22, 323-349.
Mera, V.A., Insúa, V.S. (1996). Fibromialgia. Otros reumatismos asociados a transtornos psicógenos. En S.J.L. Andreu, G.P. Barceló, B.G. Herrero, M.E. Martín, M.A. Olivé, M.J. Tornero. (Eds). Manual de Enfermedades reumáticas de la Sociedad Española de Reumatología. (757-764). Barcelona: Doyma.
Pillemer, S.R., Bradley, L.A. Crofford, L.J., Moldofski, H., Chrousos, G.P. (1997) The Neurosciencies and Endocrinology of Fibromyalgia. Arthritis Rheumatism, 40, 1928-1939.
Roig, E.D. (1997). Reumatología en la consulta diaria. (2ª Edición.) Barcelona: Espaxs.
Sheon, R.P., Moskowitz, R.W., Goldberg, V.M. (1996) Fibromialgia and other generalized soft tissue rheumatic Disorders. En R.P. Sheon, R.W. Moskowitz, V.M. Goldberg. (Eds.) Soft tissue rheumatic pain: recognition, management, prevention. (3ªed.). (275-301). Baltimore: Williams y Wilkins.
Simms, R.W. (1996). Is there muscle pathology in Fibromyalgia Syndrome? Rhematic Disease Clininical North America, 22, 245-266.
White, K.P., Harth, M., Teasell, R. (1995). Work Disability Evaluation and the Fibromyalgia Syndrome. Seminaris in Arthritis and Rheumatism, 24 (6), 371-381.
Wolfe, F., Smythe, H.A., Yunus, M.B., Bennet, Bombardier, Goldenberd, Tugwell, Campbell, Abeles, Clark, Gam, Farber, Fietchtner, Franklin, Gatter, Hamay, Lessard, Lichtbroun, Masi, McCain, Reynolds, Romano, Russell, y Sheon, (1990). The American College of Rheumatology, criteria for the classification of Fibromyalgia: Report of the Multicentre Criteria Committee. Arthritis Rheumatism, 33, 160-172.
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